¿Por qué aprender más de un idioma?

Earth is my friend

El inglés es sin duda el idioma al cual estamos más expuestos después de nuestra lengua materna. Lo tenemos en los medios de comunicación, el cine, la música; esto sin contar con las nuevas “palabritas” que nos encanta adoptar a los peruanos en nuestro lenguaje diario. Actualmente, el saber inglés no se trata solamente de ser “cool”. Va más allá. Muchos sabemos que el principal objetivo de la enseñanza de un segundo idioma es su competencia comunicativa. Sin embargo, pocos sabemos que nos puede beneficiar en más de una forma.

 

Para comenzar, el aprendizaje del inglés nos permite tomar conciencia del mundo que nos rodea. Esto hace que el niño se dé cuenta que hay códigos de comunicación distintos a los suyos. Descubre otras culturas y maneras de pensar,  aprende a tolerarlas y valorarlas. Al ser capaces de entender mejor a los demás y sus distintas realidades, nos convertimos en ciudadanos del mundo. Debemos recordar que el hombre es un ser social y que los idiomas le permiten conectarse con su entorno.

 

De otro lado, el aprender un segundo idioma en edades tempranas estimula el cerebro y la parte encargada de la fluidez verbal. Por lo tanto, posibilita desarrollar el doble de conexiones neuronales que las habituales, lo que a su vez permite una mayor capacidad de pensamiento abstracto. Incluso, el saber más de un idioma nos permite desarrollar una mayor conciencia fonológica, facilitando el aprendizaje de más idiomas.

 

En conclusión, el saber inglés no solo nos permite lidiar con las actuales exigencias sociales o laborales, sino que también nos da otras ventajas. Por experiencia, puedo decir que luego de aprender inglés, el francés no fue tan complicado, a pesar de que ambos idiomas tienen distintas estructuras gramaticales y sonidos. Después de trabajar unos meses con filipinos, lograba entender algo de tagalo.  Posteriormente, el hablar hindi no fue tan difícil. Ahora estoy en la búsqueda de un nuevo idioma. So, are you ready to learn?

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Arte, arte y más arte

Children-drawing

 

La educación artística, como la conocimos, fue un curso más de la larga lista que llevamos a lo largo de nuestra escolaridad. Antes se ceñía a seguir paso a paso las indicaciones del profesor o las de algún libro de “arte” sugerido para el grado y no se aprovechaban todas las posibilidades que brindaba al estudiante para expresarse de manera espontánea y a la vez desarrollar habilidades y capacidades.

 

En estos días, la educación artística, dentro de la escuela, busca desarrollar posibilidades de expresión a través del uso de diversas técnicas y manifestaciones, y también fomentar en el niño el gusto, interés y la capacidad de apreciar diversas manifestaciones artísticas, como la música y el canto, la plástica, la danza y el teatro.

 

Como maestros, contamos con actividades muy diversas de apreciación y expresión, para poder seleccionar y combinar con flexibilidad, no solo para utilizarlas en contenidos programados dentro del aula, sino también fuera de ella. El arte también surge de manera espontánea por la curiosidad de los niños y se puede aprovechar la motivación y sensibilidad de los mismos para ayudarlos a observar características, a comentar y reflexionar.

 

Por su naturaleza, debería ser considerada una herramienta importante que no debe limitarse a ser una asignatura de una vez por semana, sino relacionarse e integrarse con otras áreas. Dentro de un mismo proyecto, sea de ciencias, historia u otro curso, los niños pueden realizar dibujos, crear canciones o comentar sobre obras del pasado.

 

Por otro lado, su influencia positiva en el desarrollo creativo y expresivo en los niños no se ciñe únicamente al ámbito escolar. La actividad artística puede ser aprovechada en su tiempo libre y en familia. El arte no tiene por qué ser aburrido, en estos días contamos con más museos, sitios históricos y espectáculos a nuestro alcance. Sin mencionar la tecnología que nos permite “viajar” y conocer los que no lo están.

 

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La chacra que se convirtió en nube

chacra

Gabriela Mistral-Desolación

Era una chacra pequeña toda pútrida. Cuanto cayó en ella se hizo impura: las hojas de los árboles próximos, las plumillas de un nido, hasta los gusanos del fondo, más negros que los de otras pozas. En los bordes ni una brizna verde.

El árbol vecino y unas grandes piedras la rodeaban de tal modo, que el sol no la miró nunca, ni ella supo de él en su vida.

Más un buen día, como levantaban una fábrica en los alrededores, vinieron obreros en busca de las grandes piedras. Fue esto en un crepúsculo. Al día siguiente, el primer rayo de sol cayó sobre la copa del árbol y se deslizó hacia la chacra.

Hundió el rayo en ella su dedo de oro y el agua negra como un betún, se aclaró, fue rosada, fue violeta, tuvo todos los colores: “un arcoíris maravilloso”.

Primero un asombro, casi un estupor al traspasarla la flecha luminosa, luego, un placer desconocido, mirándose transfigurada, después, el éxtasis, la callada adoración de la presencia divina descendida hacia ella.

Los animalitos del fondo se habían enloquecido en un principio por el trastorno de su morada; ahora estaban quietos, perfectamente sumidos en la contemplación de la placa áurea que tenía por cielo.

Así la mañana, el medio día, la tarde. El árbol vecino, el nido del árbol, el dueño del nido, sintieron el estremecimiento de aquel acto de redención que se realizaba junto a ellos, la fisionomía gloriosa de la chacra les antojaba una cosa insólita.

Y al descender el sol, vieron una cosa más insólita aún. La caricia cálida fue durante todo el día absorbiendo el agua impura insensiblemente. Con el último rayo subió la última gota. El hueco gredoso quedó abierto, como la órbita de un gran ojo vaciado.

Cuando el árbol y el pájaro vieron correr por el cielo una nube flexible algodonosa, nunca hubiera creído que esa gala del aire fuera su camarada la chacra de vientre impuro. Para las demás chacras de aquí abajo ¿no hay obreros providenciales que quiten tan grandes piedras?

Convirtamos nuestras escuelas en lugares de resiliencia para los alumnos. No podemos quedarnos viendo solo lo que está encima y dañado. Es nuestra misión sacar con amor cada una de las piedras y limpiar cada chacra. Los maestros estamos llamados a ayudar a nuestros alumnos a descubrir y sacar al exterior lo mejor de cada uno de ellos. Conócelos, acompáñalos, aliéntalos, ayúdalos a identificar sus talentos. Que sepa que es valioso, único y especial, que sepa que te importa. Dale afecto y confianza, herramientas para solucionar sus problemas. Que vea la  vida con humor.

Un maestro resiliente formará alumnos resilientes. Debemos hacernos presentes en este proceso que implica crecer feliz. Aprende a mirar al niño desde lo que puede hacer; no te quedes en lo que le falta, no los etiquetes ni les pongas un techo a sus posibilidades. Estoy profundamente convencida que debajo de esas piedras siempre puedes encontrar algo bello, no esperemos que su chacra se limpie por casualidad, solo es cuestión de escarbar un poquito y no rendirse fácilmente.

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¿Tecnología a edad temprana?

imagen tic y niños

Nos encontramos en una época en la cual la presencia y el uso de las tecnologías de la información y comunicación (TIC), se han vuelto un aspecto importante para la interacción social, sea dentro de un grupo de personas unidas por algún tipo de afinidad, un vínculo laboral o por servicios prestados. Esta situación, también se hace presente dentro del ámbito educativo.

Podemos observar que la mayoría de centros educativos preescolares, escolares, preuniversitarios, universitarios y de posgrado; incluyen diversas herramientas tecnológicas dentro de su propuesta académica: computadoras, tabletas, aplicaciones para los celulares, plataformas virtuales, entre otras. Sin embargo, muchas instituciones no las conocen en su totalidad y las emplean de una manera inadecuada.

Las TIC pueden ser una gran herramienta educativa, pero todo dependerá del uso que se les dé. Al emplearlas podemos establecer relaciones sociales, realizar actividades de entretenimiento y acceder a  información de manera más rápida y de distintas partes del mundo. Sin embargo, es necesario que los centros educativos, fomenten la autorregulación de sus estudiantes, de tal manera que este pueda dedicarles el tiempo adecuado y utilizarlas de un modo responsable. Es necesario recalcar que la interacción entre ellas y el sujeto debe ser activa, cercana y dosificada, para que realmente lo beneficie.

En Villa Per Se, también creemos en la importancia del acceso a las TIC y su interacción con los estudiantes. Consideramos que el tener la posibilidad de conocerlas y utilizarlas desde edades tempranas (3 años), permitirá que ellos las dominen y desarrollen la conciencia de su uso responsable. Asimismo y respetando que son nativos tecnológicos, incluimos este elemento que está en su vida cotidiana para el trabajo de contenidos académicos.

Todavía existe un grupo de personas que considera que los niños no deberían usarlas desde edades tan pequeñas. Sin embargo, creemos que cuando su empleo es responsable y con objetivos claros; el hacerlo, proporciona otro tipo de experiencias enriquecedoras para los estudiantes. Ellos disfrutan de ver cómo sus dedos pueden escribir sin tinta y maximizar sus imágenes favoritas o cómo pueden encontrar la información que desean escribiendo o pronunciando solo algunas palabras dentro de un casillero en blanco o cómo pueden mantener una comunicación con sus seres queridos que se encuentran lejos, entre otras cosas.

Ningún elemento tecnológico ni la información o recursos que nos ofrecen son malos o dañinos para las personas, sobre todo para los niños, solo depende que nosotros encontremos y aprendamos el modo correcto de usarlos.

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¿Qué es el juego?

natalia juego

El juego es parte sustantiva de la naturaleza infantil y como tal no necesita ser enseñado. El niño va a jugar porque esa es su manera de vincularse con la realidad, de ingresar a ella poco a poco en un tránsito difícil que va de la alucinación todopoderosa y egocéntrica de la soledad indiferenciada del lactante a la conducta adaptada a los demás y al reconocimiento del punto de vista diferente e, incluso, a formas de solidaridad con el otro que se manifiestan en la simpatía y  la piedad.

 

El juego que se introduce como didáctica debe tener objetivos definidos y es bueno que los participantes conozcan estos objetivos para que aprendan a diferenciar el juego libre que norman ellos del juego didáctico que pertenece a la esfera adulta de la cultura a la que van a incorporarse. Así es posible acercar las objeciones de Hegel contra el juego al entusiasmo de Rousseau por él. El juego didáctico cumple fines que llevan al niño a madurar y a abandonar la infancia. Su propósito no es hacer de la infancia un fin ni convertir esa edad en un entretenimiento perpetuo. Se trata de captar el interés para que la acción del estudiante sea voluntaria y así el aprendizaje se incorpore plenamente. Lo que se aprende sólo por deber puede no durar en el tiempo y no formar parte de lo que el sujeto es. La voluntad es necesaria en el aprendizaje y el juego la convoca. Puede aprenderse a leer de mucha formas, pero todas dependerán del grado de interés que el alumno ha tenido. Porque el interés regula la atención y ésta es la puerta de ingreso a la memoria de largo plazo.

 

De modo que un centro pre-escolar debe dar oportunidad al juego libre para que se desarrolle la personalidad y se socialice la individualidad, para que la imaginación ingrese también a la escuela y la creatividad tenga lugar en ella. Pero debe también emplear el juego para seducir con honestidad, para suavizar la tarea, para entusiasmar e invitar a participar a la mente pero también al corazón. Porque el juego en educación permite acercar esas fuerzas que si no pueden jalar en sentido contrario: la razón y el deseo. Hemos presentado de manera elemental y resumida algunos objetivos para los cuales hace falta emplear juegos. Al maestro le toca elegirlos, o crearlos, notar que los jackses pueden desarrollar la lateralidad porque obligan a preferir una mano o que jugar a la gallinita ciega puede ser un modo de educar el respeto o de fomentar el gusto por la comunidad. De cualquier forma, la maestra que invita al juego, y que participa en él, estará más cerca de la vulnerable y misteriosa alma infantil.

 

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Alimentemos hoy, para mañana

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Los alimentos que ingerimos no solo satisfacen nuestras necesidades energéticas. Luego de ser digeridos, pasan por todo nuestro cuerpo a través de la sangre para nutrirnos y formar nuevas células. Como sabemos, nuestras células conforman todos los tejidos de nuestro cuerpo y se van renovando, por lo que podemos decir que nuestro cuerpo se forma en base a lo que comemos.

 

En el caso de los niños, los alimentos cumplen un papel fundamental para su desarrollo físico e intelectual.  La calidad de los alimentos que ingieren se puede ver reflejada en su crecimiento, salud y rendimiento escolar.  Además están en una edad critica para la formación de hábitos saludables que perduren en el tiempo.

 

Si desde temprana edad se generan hábitos alimenticios saludables en los niños, vamos a prevenir enfermedades como la obesidad, diabetes, complicaciones coronarias, alzheimer y cáncer. Cuando alimentemos a nuestros niños pensemos en el efecto que pueden tener los alimentos al largo plazo.

 

Debemos evitar darles alimentos que no contribuyen con su desarrollo como por ejemplo: azúcar, grasas trans, harinas refinadas, frituras, comida rápida, alimentos procesados con muchos colorantes artificiales o químicos; y aumentar las porciones de verduras, frutas, granos integrales, frutos secos, semillas, entre otros.

 

Es importante procurar que la mayoría de los alimentos sean saludables debido a que están en crecimiento y además están creando hábitos. Podemos aprovechar la lonchera escolar para enviar alimentos nutritivos. Los niños están en constante movimiento y aprendizaje por lo cual necesitan que sus alimentos sean de buena calidad. Recuerden que lo que ingieren hoy, va a acompañarlos el resto de sus vidas.

 

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La Flor Roja de Tallo Verde

flor roja

Me gustaría compartir un cuento de Helen Buckley llamado “Un niño”.

 

Un día un niño fue al colegio. Era un niño muy pequeño y el colegio era muy grande. Pero cuando el niño descubrió que podía caminar hacia el salón desde la puerta de la calle, se sintió feliz y la escuela ya no le pareció tan grande como antes. Una mañana, después de algún tiempo, la maestra dijo: “Hoy vamos a dibujar”. “¡Bien!”, pensó el niño. Le encantaba dibujar, sabía hacer todo tipo de dibujos: leones y tigres, gallinas y vacas, trenes y barcos, y sacó su caja de lápices de colores y se puso a dibujar. Pero la maestra exclamó: “¡Espera! Aún no es hora de empezar.” Y la maestra esperó a que todos estuvieran preparados y dijo: “Ahora. Vamos a dibujar flores”. “¡Bien!”, pensó el niño, porque le encantaba dibujar flores y empezó a hacer preciosas flores con su lápiz rosa, naranja y azul. Pero la maestra interrumpió y dijo: “¡Espera! Yo les mostraré cómo hay que hacerlas”. Y dibujó una flor roja con el tallo verde. “Así, ahora ya puedes empezar”, dijo la maestra. El niño miró la flor que había hecho la maestra y luego miró la suya. Le gustaba más la suya pero no dijo nada. Le dio la vuelta al papel e hizo una flor como la de la maestra, era roja con tallo verde.

 

Otro día, justo cuando el niño abría la puerta de la clase, la maestra dijo: “Hoy vamos a trabajar con arcilla”. “¡Bien!”, pensó el niño, le gustaba la arcilla. Sabía hacer todo tipo de cosas con arcilla: serpientes y muñecos de nieve, elefantes y ratones, coches y camiones. Así que empezó a estriar y pinchar su bola de arcilla. Pero la maestra dijo: “¡Espera! ¡No es hora de comenzar! Y esperó a que todos estuvieran preparados. “Ahora. Vamos a hacer un plato”, dijo la maestra. “¡Bien! Me gustan los platos”, pensó el niño. Así que empezó a modelar unos cuantos de todos los tamaños y formas. Pero la maestra dijo: “¡Espera! Yo te enseñaré cómo se hace”. Y le enseño a todos a hacer un plato hondo. “Así. Ahora ya puedes empezar”, dijo la maestra. El niño pequeño miró el plato de la maestra y después miró los suyos. Le gustaban más sus platos pero no dijo nada. Volvió a amontonar su arcilla para hacer una bola e hizo un plato hondo.

 

De esta manera,  el niño pequeño aprendió a esperar, a observar y a hacer las cosas justo igual que la maestra. Y muy pronto dejó de hacer las cosas a su manera. Entonces sucedió que el niño y su familia se mudaron a otra ciudad y el niño tuvo que ir a otra escuela. Esta era una escuela mucho más grande que la anterior y tenía que subir unas escaleras altas y cruzar un largo pasillo hasta llegar a su clase. Justamente ese primer día la maestra dijo: “Hoy vamos a dibujar”. “¡Bien!”, pensó el niño y esperó a que la maestra le dijera cómo hacerlo. Pero la maestra no dijo nada. Solo caminaba por el aula hasta que llegó donde estaba el niño. “¿Y tú no quieres dibujar? le dijo la maestra. “Sí. ¿Qué vamos a hacer?”, dijo el niño. “No lo sabré hasta que tú lo hagas”, dijo la maestra”. “¿Pero cómo hay que hacerlo?”, volvió a preguntar el niño. “Pues como tú quieras”, contestó la maestra. “¿Cualquier color?”, preguntó el niño. “Cualquier color”, contestó la maestra y agregó, “Si todo el mundo hiciera el mismo dibujo y usara los mismos colores, ¿Cómo sabríamos quién hizo qué y cuál era cuál?” “No sé”, dijo el niño pequeño, y comenzó a dibujar una flor roja, con el tallo verde.

 

El cuento de Helen Buckley permite reflexionar acerca de las consecuencias del sistema educativo en el desarrollo de los niños. Ken Robinson (2006) menciona en una conferencia de TED, que aunque los niños no temen equivocarse, parece que cuando llegan a la adultez han perdido esa capacidad, y empiezan a mostrar un terror al error. Sin embargo, si no estás preparado para equivocarte será difícil lograr algo original. Hoy en día, el sistema educativo pierde de vista lo mencionado, y termina cohibiendo los recursos internos de los niños y sobre todo afectando el inmenso potencial creativo que ellos traen. Como menciona Ken Robinson la creatividad es tan importante como la alfabetización, y ésta no sólo no se promueve sino incluso se termina educando a los niños a que dejen sus capacidades creativas. Esto es lamentable si se considera que educar en la creatividad no solo favorece el desarrollo de actividades artísticas, sino también forma personas originales, flexibles, con iniciativa y confianza, dispuestas a arriesgarse y listas para enfrentar los obstáculos de la vida (Adriana de la Osa 2013).

 

Alejandra Lucía Rotf (2010) en su libro “Pedagogía de la Alegría” indica que la enseñanza tiene como objetivo el desarrollo máximo de las capacidades del niño, a través su revelación y del despliegue de sus recursos internos. Para ello es fundamental que el educador sea sensible y observador a la individualidad de cada niño, y que promueva a la exploración, la iniciativa y la libertad de creación. Debe ser un guía y orientador, con capacidad de reflexión, con apertura a nuevas formas de concebir el mundo y con una gran humildad que le permita reconocer que lejos de ser dueño de una verdad única e irrefutable se encuentra siempre en un enriquecedor proceso de aprendizaje. Solo así podrá darle al niño la confianza necesaria para continuar explorando, descubriendo, creando y proponiendo, sin miedo alguno a equivocarse. Solo así mermarán los bloqueos de los recursos internos, y se abrirá camino al desarrollo máximo de su potencial.

 

 

 

 

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